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Historias del misterioso libro Trisquellion

Capítulo 1 – Relatos de Bodhmall: Afang

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El fuego crepitaba en el oscuro corazón del escondido bosque de Slieve Bloom, en una tierra que había olvidado el sabor de la sangre y la frialdad del acero.


Tres figuras se sumían en un silencio que sería acallado, por el apócrifo relato de la vieja bandruid del descuartizado clan Na Bascna, al terminar la danza de las sombras proyectadas en los árboles cercanos.


Y así, el viento finalmente dejó de soplar. Un favor? Un ruego? Nunca lo sabremos, pero ella asintió y comenzó a hilar el cuento haciendo gala de sus habilidades bárdcas.


“Hace muchos años atrás, cuando Eire todavía no era fértil de los descendientes de Mil, los oeiginarios Tuatha de Danann se encontraban divididos por sus peleas intestinas, y la amenaza de los monstruosos Formoré se ceñía sobre ellos en cualquier rincón de sus tierras. El Tuatha principal, el dé Danann, estaba regido por el Alto Rey MacCuill, que era injusto e intolerante con su gente.


MacCuill solía castigar severamente a su pueblo y alardeaba la grandeza y temeridad de su poderío militar tiñendo de sangre todos aquellos lugares a los que dirigía su mirada.


Afang era un reconocido y poderoso guerrero de MacCuill y, por cierto, uno muy silencioso y extraño. La historia cuenta que había sido encontrado por el mismo gobernante, durante una de sus cazas, en un bosque desconocido.


Su nombre se lo habia ganado desde crío por la espada que lo acompañaba en el lecho de arbustos en el que había sido abandonado. Tan brillante y afilada como el colmillo de plata de un joven lobo, asi era la Afang.


MacCuill y Afang nunca fueron unidos como padre e hijo adoptivo. El rey tenía otros hijos, tan crueles que tuvo que mandar a matar a 2 de ellos que confabulaban en su contra, para que los otros aprendieran la lección. Por otro lado, su excepcional héroe Afang, siempre distante del politiqueo, le permitió extender sus reinos más allá de Alba.


A pesar de esto, los demás miembros de la armada lo miraban con resentimiento y los que se le aproximaban al poco tiempo terminaban alejándosele debido a su constante estado de apatía.


Los guerreros del Alto Rey, en general, estaban poco motivados y sólo existía en ellos el instinto de supervivencia con el mejor beneficio personal que se pudiera obtener.


En un momento de aburrimiento, MacCuill, jactandose de su poder y de la implacabilidad de su mejor guerrero, había organizado una serie de duelos entre Afang y los campeones de los otros tuathas, que usaban esa oportunidad para encontrar su libertad.


Y así fue como decenas de los mejores guerreros confiaron que podrían lograrlo.
Hasta que llegó el oponente que Afang tanto había buscado sin saberlo.
Su nombre era Aodh.

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Comentarios

  1. Avatar de ajel
    Oh! me gusto el relato :3 por cierto bienvenido :)
  2. Avatar de azumi7890
    o.o bastante dark